Último programa

¿Qué se te viene a la mente cuando te hablan de violencia de género? Al plantear esta pregunta muchas personas tenderemos a visualizar la imagen de la mujer con el ojo morado, el marido que llega borracho a casa, o el juicio para decidir quién tiene la custodia de los hijos. Pero hoy no hablamos sólo de eso. La violencia está en la carga excesiva de trabajo al asumir los cuidados, en las interrupciones cuando una mujer habla en un espacio público, en los tacones obligatorios en el uniforme de trabajo, en el “Qué bien tocas la batería para ser una tía!”, y en el “Yo soy hombre, no puedo ser feminista”.

Y no es que los cuidados sean una carga para ellas de la que tienen que desprenderse, son ellos quienes tienen que dar el paso ,no son ellas quienes tienen que hablar más alto, sino ellos quienes tienen que callar en lugar de interrumpir. No es cuestión de culpa, es cuestión de responsabilidad. Aquí no hay víctimas ni verdugos, sino privilegios que hay que conocer. Desde el hombre que mata a una mujer hasta el detalle más mínimo como “Llévame esto en el bolso, que yo sólo llevo los vaqueros”, hay una escala enorme de violencias cotidianas que tenemos que desenmascarar para que poco a poco creemos un espacio en el que todo el mundo se sienta cómodo. Además, el ejemplo de la violencia cotidiana puede servirnos no sólo para las mujeres, sino para las personas migrantes, LGTB o con discapacidad.

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En este programa Claudia empieza con un monólogo que nos removió por dentro a todo el equipo, y esperamos que también sacuda vuestras ideas. Miguel nos trae una entrevista con una psicóloga especializada en género, violencia y adolescentes. Alejandra nos habla de las políticas contra la violencia de género y cómo han ido siendo eficaces o no. Belén nos presenta la nueva sección de entrevistas en profundidad, “Largo y tendido”, que se estrena con una invitada de lujo; Pamela Palenciano (lo compartiremos tras la publicación del programa completo). Y ya que estaba sentada al micro, siguió con Paren el dólar, que yo me bajo, entrevistando a Leisbeth Guillén de la Fundación Manuela Ramos y hablando sobre el hogar tradicional centrado en la pareja monógama como caldo de cultivo para las pequeñas y no tan pequeñas violencias cotidianas. En Minoría Ruidosa tenemos el lujo de contar con La Mare, Eva Sierra y Jhana, que nos hablan sobre sus experiencias y su visión acerca del papel de la mujer en el arte, especialmente en la música. Nacho nos aporta unas reflexiones más que necearias para cualquier hombre que quiera plantearse su rol en todo este juego, y nos da un toque de atención para que no olvidemos que quien ejerce la violencia son ellos, por tanto el problema no debe ser visto como relativo a ellas.

Te invitamos a escuchar uno de los programas más intensos de Irradiando hasta la fecha. Prueba de ello es la conclusión que nos ofrece Claudia, quien a lo largo de esta hora y media reconoció que tras escuchar todas estas voces empezó a sentir un optimismo renovado. Esperamos que este programa os de a vosotras la fuerza que necesitáis, y a vosotros la motivación para escuchar y digerir los privilegios.

Escucha, comparte, e irradia nuestro mensaje!

2 thoughts on “Último programa

  1. La gente se pregunta por qué tiene éxito la radio. Muy simple: te permite hacer otras cosas, sin la tiranía de una pantalla o un ratón. Menos simple: tiene contenidos menos banales que la TV, como si los guionistas se estrujasen más el seso, o tal vez el oyente tenga algo más de eso. De seso, quiero decir.

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  2. El “consumismo” vendría a ser una suerte de patología (por exceso), una degradación del consumo “responsable”, con numerosos efectos adversos. Algunos afectan al propio consumidor -haciéndolo esclavo de fuerzas que lo superan-, otros afectan al medio ambiente, incluso a zonas remotas del planeta. En un sentido sociopolítico, el consumismo es capitalismo exacerbado, donde la ciudadanía solo se otorga al comprador, mejor si es “compulsivo” y desde luego “alineado” con las pautas de la publicidad.

    Yo no comparto esa visión. En primer lugar, porque consumimos no solo bienes -tangibles-, sino también servicios. Los bienes son extremadamente diversos: son manufacturas, son vehículos, son viviendas… Todo eso obedece a premisas muy distintas y da lugar a comentarios asimismo diversos. Pongamos el ejemplo de la vivienda. ¿Es mejor adquirirla o vivir de alquiler? Respóndase lo que se desee, pero véase que siempre hay “consumo”; estimarlo responsable o caprichoso – esto es, ponerle un adjetivo- va en opiniones.

    ¿Qué decir de los servicios, entre ellos la educación -clases particulares de música- o la sanidad? ¿Es posible consumir “demasiada” sanidad o “excesiva” formación continuada? Sería facilón decir que sí, sin duda, cuando una dama se somete a 35 operaciones “estéticas”, pero ya no es tan obvio si pensamos llevar los niños al pediatra, no sé, pongamos 2 veces por año. Las actividades “extraescolares”, tales como deportes o idiomas, ¿entran igualmente en la noción peyorativa de “consumismo”? Alguno diría que lo es la equitación, cosa más bien de “ricos”, pero otro consideraría que lo absurdo es estudiar japonés, puesto que él no conoce a nadie que hable japonés.

    Creo que en esta materia sucede como en tantas otras: YO soy moderado, razonable, justo, responsable, económico, consecuente… Es el OTRO el que está instalado en el error; son los DEMÁS quienes incurren en el monstruoso consumismo; a ELLOS hay que recriminarles sus excesos. Como no me gusta esa forma de “pensar”, tiendo a aceptar el consumo como un rasgo de la libertad humana. Cada uno emplea su tiempo libre (su ocio y su dinero) como se le pone en las narices. Él sabrá. Como yo sé el coche que quiero/puedo adquirir, el viaje que deseo/organizo según mi criterio, el restaurante donde mato el hambre o aplaco el apetito, etc.

    Con todo, voy a exponer un mea culpa. Conduzco un coche diesel. No me ha dado problema alguno (a mí), pero hoy sé que los motores diesel son un desastre. En su día me/nos engañaron con que era más barato, menos contaminante, pero era mentira. No es más barato -las cuentas son demasiado farragosas- y desde luego sí es más contaminante. No por CO2 y efecto invernadero, pero sí por NO2 y efecto sobre los pulmones. El diesel es una mierda pinchada en un palo y me engañaron una vez, pero juro que a la próxima me engañarán menos. Compraré un gasofa, o un híbrido, ya veré, y seguro que alguien me llamará “consumista”, pero es que vivo a casi 30 km del trabajo y tardo mucho en llegar andando.

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