Último programa

El pasado 2 de junio nos pusimos nuestras mejores galas para celebrar la segunda jornada anual de Irradiando en la que es ahora nuestra casa, la Quimera de Lavapiés.  Salimos de la cueva y pusimos nuestros micros frente a vosotros y vosotras para irradiaros bien de cerca, girando las ideas en torno a una conversación que hace tiempo queríamos tener, sobre el papel de los medios de comunicación en la consolidación de los movimientos sociales. Y lo hicimos de la mejor manera posible, acompañadas de personas maravillosas que se dedican a esta vocación-profesión, y al calor de unos pocos oyentes. Fueron Antonio Maestre, J del Salto y Marta Flich quienes decidieron sentarse con nosotras a dar pinceladas y tratar de resolver las preguntas que nos lanzábamos al aire, y de esa mesa redonda nació este programa número 6 de la segunda temporada de este proyecto que venimos pariendo ya dos años.

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Después, con las cabezas un poco más aclaradas (o no, quizás), continuamos celebrando la dicha de estar juntos en esto, con bebida fresquita, comida hecha con amor (si es que hay otra forma de hacerla) y los conciertos de Dani Mostarac, Nihilistas ni Tontas, Sisi Greenders y Club del río.

Gracias a todas las que os acercasteis a escuchar, a compartir ideas, a bailar y a reír, era lo único que teníamos entre manos. Eso y ¡seguir dando caña a través de vuestros cascos o altavoces un ratito más!

Escucha o descarga el programa aquí.

 

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2 thoughts on “Último programa

  1. La gente se pregunta por qué tiene éxito la radio. Muy simple: te permite hacer otras cosas, sin la tiranía de una pantalla o un ratón. Menos simple: tiene contenidos menos banales que la TV, como si los guionistas se estrujasen más el seso, o tal vez el oyente tenga algo más de eso. De seso, quiero decir.

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  2. El “consumismo” vendría a ser una suerte de patología (por exceso), una degradación del consumo “responsable”, con numerosos efectos adversos. Algunos afectan al propio consumidor -haciéndolo esclavo de fuerzas que lo superan-, otros afectan al medio ambiente, incluso a zonas remotas del planeta. En un sentido sociopolítico, el consumismo es capitalismo exacerbado, donde la ciudadanía solo se otorga al comprador, mejor si es “compulsivo” y desde luego “alineado” con las pautas de la publicidad.

    Yo no comparto esa visión. En primer lugar, porque consumimos no solo bienes -tangibles-, sino también servicios. Los bienes son extremadamente diversos: son manufacturas, son vehículos, son viviendas… Todo eso obedece a premisas muy distintas y da lugar a comentarios asimismo diversos. Pongamos el ejemplo de la vivienda. ¿Es mejor adquirirla o vivir de alquiler? Respóndase lo que se desee, pero véase que siempre hay “consumo”; estimarlo responsable o caprichoso – esto es, ponerle un adjetivo- va en opiniones.

    ¿Qué decir de los servicios, entre ellos la educación -clases particulares de música- o la sanidad? ¿Es posible consumir “demasiada” sanidad o “excesiva” formación continuada? Sería facilón decir que sí, sin duda, cuando una dama se somete a 35 operaciones “estéticas”, pero ya no es tan obvio si pensamos llevar los niños al pediatra, no sé, pongamos 2 veces por año. Las actividades “extraescolares”, tales como deportes o idiomas, ¿entran igualmente en la noción peyorativa de “consumismo”? Alguno diría que lo es la equitación, cosa más bien de “ricos”, pero otro consideraría que lo absurdo es estudiar japonés, puesto que él no conoce a nadie que hable japonés.

    Creo que en esta materia sucede como en tantas otras: YO soy moderado, razonable, justo, responsable, económico, consecuente… Es el OTRO el que está instalado en el error; son los DEMÁS quienes incurren en el monstruoso consumismo; a ELLOS hay que recriminarles sus excesos. Como no me gusta esa forma de “pensar”, tiendo a aceptar el consumo como un rasgo de la libertad humana. Cada uno emplea su tiempo libre (su ocio y su dinero) como se le pone en las narices. Él sabrá. Como yo sé el coche que quiero/puedo adquirir, el viaje que deseo/organizo según mi criterio, el restaurante donde mato el hambre o aplaco el apetito, etc.

    Con todo, voy a exponer un mea culpa. Conduzco un coche diesel. No me ha dado problema alguno (a mí), pero hoy sé que los motores diesel son un desastre. En su día me/nos engañaron con que era más barato, menos contaminante, pero era mentira. No es más barato -las cuentas son demasiado farragosas- y desde luego sí es más contaminante. No por CO2 y efecto invernadero, pero sí por NO2 y efecto sobre los pulmones. El diesel es una mierda pinchada en un palo y me engañaron una vez, pero juro que a la próxima me engañarán menos. Compraré un gasofa, o un híbrido, ya veré, y seguro que alguien me llamará “consumista”, pero es que vivo a casi 30 km del trabajo y tardo mucho en llegar andando.

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